A sangre y fuego: El día que la dictadura no pudo contra la Policía
El 05 de Febrero de 1975 recordaré siempre que fue, a pesar de la masacre, "El día que la dictadura velasquista no pudo contra la Policía"
Eran los días de "esplendor" de la dictadura del General Juan Velasco Alvarado, y los miserables sueldos de las tres fuerzas Policiales (la Benemérita Guardia Civil del Perú, la Gloriosa Guardia Republicana del Perú y la Policía de Investigaciones del Perú) eran una burla a la economía de los hogares de la familia policial.
Se hizo un reclamo por mejoras, aún a sabiendas que las consecuencias irían en contra de la razón y la justicia, pero se determinó que todos los efectivos policiales, (coordinadamente en un Pliego de Reclamos al Ministerio del Interior) solicitando mejoras y sueldos dignos, entrarían a un Paro Policial de no ser atendida la petición. Se fijo una fecha: El 05 de Febrero de 1975.
La orden del dictador Juan Velasco fue eminente: Exterminar a los efectivos policiales que se habían plegado a la protesta aún a coste de sangre y fuego, así cayeran elementos de la población civil, y así lo hizo efectivamente, ordenó a la división Blindada de los por aquel entonces flamantes Tanques T-55, dirigirse a la comandancia policial de Radio patrulla de la Guardia Civil en el Distrito de La Victoria, centro de concentración de los centenares de policías en paro y, allí empezó la masacre. Esto nunca figurará en libro alguno de la Historia del Perú, pues quien tiene el control de los medios de comunicación siempre es el gobierno de turno dictador.
Se hallaba en ese momento en comité de coordinación con la Guardia Civil una comisión de la Guardia Republicana. Integrando ésta, un ya en el presente fallecido efectivo de nombre, no lo recuerdo, pero le bautizaré como "Pacheco". Fue sobreviviente de la carnicería vivida.
La orden de Palacio de Gobierno fue aplacar la "rebelión" cueste lo que cueste, y los blindados entraron a las instalaciones de la comandancia de la Policía tumbando paredes, postes y portones, destrozando con el rodar de sus cadenas todo a su paso. El fuego de las ametralladoras de las torretas de los blindados de acero cobraba decenas de policías muertos quienes caían en baños de sangre por el piso.
Este personaje de edad ya madura, por no decir senil todavía, al no poder trepar las paredes de casas colindantes vecinas para salvar su vida como si lo podían hacer otros efectivos mucho más jóvenes, optó por tenderse en el piso y fingirse muerto entre los cientos de cadáveres uniformados que yacían inertes en el suelo con el verde de sus uniformes convertido en rojo ya por la sangre. Ni pestañeó, ni respiró siquiera, pasara lo que pasara pensó él, nadie lo levantaría de su actuación en su afán por salvar su vida.
Las horas pasaban y manteniendo los ojos cerrados, siente él que es levantado en peso e introducido a un costal, para ser arrojado a una tolva entre otros cientos de cuerpos como él. La diferencia entre estos y él, es que él aún tenía vida.
Sintió como era transportado en camiones sin saber el rumbo, percibía cada vez más fuerte un olor a mar, en eso cesan los motores, los vehículos del convoy se detienen y siente las pisadas de tropa que levantaban a los bultos de lona con su macabro contenido dentro.
Sintió sin poder ver, como era levantado y llevado a lo que parecía el interior de embarcaciones. Se da cuenta él que estaba ya en el interior de uno de los buques de la Marina de Guerra dirigiéndose mar adentro. Y efectivamente había sido así, el movimiento de alzada y bajada en el trayecto denotaba que estaban en altamar. El frio y las horas se le hacían interminables, no había tiempo para dejar el miedo, conteniéndose en no llorar o delatarse, solo pensar ¿Qué hacer para vivir? El frio de la muerte se sentía cada vez más. Nuevamente percibe él que los sacos son levantados y esta vez, nota ya él que para nunca más volver a ser manipulados, pues la consigna era desaparecer los cuerpos en alta mar. Los chapuzones en el agua de cada bulto soltado denotaron más la certeza de ello.
La desesperación por vivir, le hizo levantarse al ver ya todo consumado. No había otra alternativa, pensó él: "Si de todos modos he de morir, moriré suplicando por lo menos ¡No me maten!".
Y rompiendo el saco de lona, se presenta en cuadrada militar pronunciando sus Generales de Ley ante el oficial de la Marina de Guerra que tenía la dirección del operativo de "limpieza" (o sea, desaparición de cuerpos).
La consciencia humana de este efectivo de la Marina de Guerra y su nobleza sobretodo, le permitieron a este militar de la Guardia Republicana del Perú esconderse en las bodegas del buque hasta tocar nuevamente el puerto del Callao. Es él quien aún en vida, años después, contó esta luctuosa anécdota que le toco vivir y que quedó en el anonimato a lo largo de generaciones… ¡35 años han pasado!
Pero ¿Qué había pasado mientras tanto en tierra, en la comandancia policial de Radio Patrulla de la Guardia Civil y en el Cuartel de la Guardia Republicana?
Los tanques del ejército habían acribillado a la Policía, principalmente el ataque fue sobre la Guardia Civil del Perú, quien sufrió el mayor número de bajas. En esos momentos en que los blindados arremetieron sobre las paredes de la comandancia de la Guardia Civil, se llegó a dar por radio la comunicación al cuartel de la Guardia Republicana en el Rímac que la comandancia G.C. estaba siendo masacrada por la División Blindada del Ejército.
Los preparativos de inmediato no se hicieron esperar en el cuartel de la Guardia Republicana:
Se hicieron zanjas cazatanques, se instalaron barricadas con bolsas de arena y cemento, se electrificaron cercos alrededor del perímetro del cuartel de Los Cibeles, se hicieron cazabobos, se extrajo de los grifos aledaños al vecindario todo el combustible posible, y en cilindros, fue puesto en cada punto determinado como posible entrada para el paso de los blindados del ejército. Lo mismo se hizo con todo camión portatropas y jeep de la G.R.P. trabando los portones de entrada al cuartel. Envases, botellas, latas y galoneras que se encontraban en todo rincón servirían para hacer cocteles molotov, soldados de la Guardia Republicana apostados en los techos de las viviendas aledañas, y del propio cuartel, estarían llanos a arrojarlas sobre el enemigo por las vías preparadas como paso “obligado” de los tanques. Todo material explosivo acopiado serviría para detener el ataque de los blindados: granadas, cartuchos de dinamita, todo era útil en esta lucha contra el tiempo.
La vulnerabilidad de los T 55 son las rejillas del motor que están sobre su parte trasera en el lomo del chasis, tras la torreta; otro aspecto vulnerable en estos blindados son las cadenas de la oruga (tren de rodaje) casi siempre prestos a romperse, característica típica de los modelos soviéticos por su diseño antiguo a diferencia de los modernos tanques que poseen zapatas de caucho en los eslabones.
El arsenal del cuartel de la Guardia Republicana fue decomisado, y se repartió el armamento a todo efectivo disponible, luego se apostaron estratégicamente fusiles ametralladores G-3 de fabricación alemana en las zonas altas de las esquinas de los edificios, se ubicaron francotiradores camuflados. Los especialistas en explosivos también hicieron lo propio para desorugar a los blindados en caso quisieran atravesar el primer cordón de seguridad, si era vulnerado este, la lucha sería dentro de las instalaciones del cuartel de la Guardia Republicana, en el interior de este, se habían improvisado lanzallamas artesanales hechos con todo cilindro de gas que se hallaba a la mano para recibir a los tanques. Se esperaba el inminente ataque por la noche, pues la energía eléctrica fue cortada al oscurecer en todo el territorio nacional en vista del estado de emergencia que decretaba el toque de queda y la suspensión de garantías para la población civil.
Todo el distrito del Rímac era un polvorín, pues los dos cuarteles están ubicados muy cerca el uno del otro: El del entonces “9 na. División Blindada del Rímac” (Hoy Fuerte General Rafael Hoyos Rubios) del Ejército, al final de la Av. Francisco Pizarro y el de la Guardia Republicana, en la Quinta de Presa (Los Cibeles). Cada elemento de la Guardia Republicana, decidido a afrontar lo que tuviera que pasar, tomó esa luctuosa mañana, su posición de combate para defender su cuartel.
La Guardia Republicana tenía una característica especial que la distinguía de su hermana Guardia Civil: Fue creada como un Brazo Extensivo del Ejército y su preparación para control de Fronteras, Prisiones y Seguridad de Organismos Estatales, la hacían idónea para sostener un enfrentamiento típico de guerra urbana ante un enemigo de talla como lo es el Ejército. La Guardia Civil en cambio, estaba diseñada para un control de seguridad ciudadana en orden público.
La formación castrense de nuestra Guardia Republicana del Perú, recibida de la escuela francesa, emula a su similar Guardia Republicana de Irak quien se enfrentó a la invasión norteamericana de Bagdad a principios del presente siglo: La nuestra se había enfrentado ya antes deteniendo a los blindados soviéticos del Ejército Peruano 28 años atrás. La de Irak, salvando las grandes distancias en número y tecnología, no lo logró con los norteamericanos.
La especialización en las Fuerzas Policiales va de la mano con los principios organizativos y administrativos de "División de Funciones" y “Especialización”, no en vano la policía de antaño tenía formación netamente castrense. Hoy en día, se adolece de esa carencia por la “unificación policial” que antojadizamente estableció el presidente García en su primer gobierno de los 80´s “ablandando” su formación al ser combinada en la práctica funcional con el servicio civil de Policía Municipal (Serenazgo).
Cuando los tanques T-55 circundaron el Cuartel de la Guardia Republicana ese 5 de febrero, solo se mantuvieron a una distancia prudencial, pues ya, el servicio de inteligencia del Ejército les había advertido los preparativos del "comité de recepción" de los soldados republicanos, indudablemente también el Ejército podría haber ejecutado otra masacre, pero esta vez el costo iba a serle más alto: Al presidente Velasco no le convenía tanto el perder los millones invertidos en el modernísimo para la época, armamento ruso, inclusive más importante para él representaría en costo los mismos blindados que las propias vidas de sus tripulantes.
Los tanquistas del ejército desde las escotillas de los blindados, mientras circundaban aunque a paso lento pero, con rugiente y estrepitoso sonar de motores y cadenas al cuartel de la Guardia Republicana, solo atinaban a hacer señas de amistad a los guardias republicanos apostados en sus ubicaciones estratégicas, quienes con sus "áfrica korps" en la cabeza y atuendo de comandos color beige, se mantenían con molotov en mano y encendedor en la otra, apostados sobre los techos de su cuartel y de los otros edificios vecinos, enseñándoselos a modo amenazante ante cualquier intento de agresividad.
No faltó quienes incluso, simulando tener sobre sus hombros bazookas antitanque, colocaron tubos plásticos de PVC, cubiertos con lonas dando la impresión de estar listos a lanzar la cohetería antitanque (La guardia Republicana jamás tuvo sofisticado armamento de guerra –tal como el empleado años más tarde por las FF.AA. en el bombardeo de los penales para aplacar el amotinamiento de reclusos ocurrido durante el primer período de gobierno del Dr. Alan García. Él sostuvo después de la incursión de la Fuerza Armada, en declaraciones ante cámaras del periodismo nacional e internacional, que la masacre había sido perpetrada por la G.R.P. cuando en verdad, esta se dedicó al cuidado del perímetro de las instalaciones penitenciarias–).
El tan esperado ataque de los blindados T 55 al cuartel de la Guardia Republicana nunca se llegó a dar.
¿Qué pasó en el fondo?
Todo esto no hubiera tenido éxito a favor de la Guardia Republicana si no hubiera sido por la estrategia utilizada por ella. La Guardia Republicana explotó mucho mejor sus Fortalezas que su hermana la Guardia Civil, y administró inteligentemente sus Amenazas. Detectó las precisas Oportunidades para actuar y suplió sus Debilidades aminorándolas al mínimo.
El diseño de su Organización Militar, muy propia de sus funciones también ayudó: La Guardia Republicana por su estructura organizacional, centralizaba la concentración de su tropa en un Cuartel General (la logística estaba siempre “a la mano”), desplegando a sus efectivos a nivel de toda la república en destacamentos acuartelados. La guardia Civil en cambio, siempre estuvo diseminada en Comisarías.
Hubo una personalidad, un alto dignatario del Gobierno Revolucionario del Presidente Velasco esa mañana en el Cuartel de la Guardia Republicana, el General de División Orlando Arias Fiscalini, era el Director de la G.R.P. alto General del Estado Mayor y héroe de la Guerra contra Ecuador en 1941.
La administración de la Guardia Republicana del Perú desde su fundación a mediados del siglo XIX (antigua Gendarmería Nacional –Fundada el 14 de abril de 1852–) siempre estuvo a cargo de Directores del Ejército peruano, a partir de este acontecimiento del 05 de febrero de 1975, la Guardia Republicana contó con directores, primero Coroneles hasta que se creara el grado de Generales, ya de la propia Institución.
Este General del ejército, estuvo el día de los luctuosos sucesos en el cuartel de Los Cibeles, fue tomado de rehén junto con una plana de altos oficiales, y respetando su alta investidura, mantenido en custodia por la Guardia Republicana ante la voz de alerta efectuada por Pacheco desde la Comandancia de Radio Patrulla en plena masacre de la Guardia Civil para que la Republicana se preparase ante un inminente ataque de la División Blindada del Ejército.
La llamada telefónica desde Palacio de Gobierno, ante este inesperado para el Ejército Peruano, nuevo “escenario”, fue determinante, ordenando al Ministro del Interior, y por ende al General al mando de la División Blindada del Ejército lo siguiente: “¡No toquen a la Guardia Republicana! ¡No quiero siquiera un rasguño sobre ella!”.
El Presidente de la República, General de División Juan Velasco Alvarado, declinaba la hostilidad y toda acción de fuerza hacia las tres congéneres policiales: Benemérita Guardia Civil, Gloriosa Guardia Republicana y Policía de Investigaciones, después de haber originado su gobierno incontables muertes tanto policiales como civiles el 05 de febrero de 1975.
El Resultado:
Se obtuvo el logro de algunos beneficios para la policía a coste de sangre y bajas, beneficios que aún hoy en día, luego de tres décadas y media, siguen siendo insuficientes –A modo de ejemplo de esta insuficiencia es el Decreto Supremo Nº 213-90-EF que ha sido declarado hoy "inaplicable"–.
Al restablecerse ya la calma luego de dos o tres semanas de acaecidos estos hechos de sangre, en pleno discurso a la nación desde el Salón Túpac Amaru (Ex “Salón Pizarro” del Palacio de Gobierno) que emitiera por la televisión peruana en cadena de todos los canales, el General Velasco dijo por su propia boca: “Solo hay unos cuantos desaparecidos”, mientras que la realidad fue en verdad otra –Por eso cuando se escucha hoy hablar de la “dictadura de Fujimori”, por mi mente pasa la idea que esa “dictadura”, la del “chino”, le quedó cortísima a la de Velasco, siendo en comparación nada más que cosquillas a todo lo que hizo el socialista durante los 60`s y 70`s. Casi fuimos a una guerra contra los vecinos del sur inclusive para recuperar territorios perdidos durante la Guerra del Pacífico. Ni los programas infantiles se salvaron de ser intervenidos por la dictadura Velasquista, caso del animador del programa infantil “Tío Johny en el 5” quien fue deportado por expresarse de la calidad de alimento que comían los militares–.
La carencia de una total libertad de expresión de los medios de comunicación en esa época, y carencia de la tecnología que gozamos hoy, limitó enormemente que estas cosas salieran a la luz. No me dejará mentir, gente que contemporánea a la década de los 70´s hoy pueda dar testimonio de fe, sobre familiares, amigos, vecinos desaparecidos entre civiles y mártires policías de esa época, de lo ocurrido ese 05 de febrero de 1975. Mucho de los peruanos ni sabemos que hemos sido partícipes de una pequeña pero relámpago “Guerra Civil” en nuestra historia.
Pacheco, quien me contó esta anécdota estando yo niño todavía, según supe años más tarde siendo ya la década de los noventa, falleció después de haber dedicado por entero sus años de vida restantes a labores de acción social como laico participante en la Parroquia “Todos Los Santos” del distrito de San Martín de Porres, no podía esperarse otra cosa dada la experiencia indeleble de ese “volver a nacer” vivida por él aquel 5 de febrero de 1975.
¡Nada supimos de mi padre durante todo ese tiempo!, hasta ya estábamos dispuestos a resignarnos ante la posibilidad de recibir la noticia de que pudiera él estar entre los caídos o desaparecidos.
Estaba yo terminando de leer las páginas del libro de Edmundo de Amicis, y a eso de las 5 de la tarde, un día no recuerdo cual, terminando febrero o comenzando quizás marzo del 75, la puerta de mi casa se abrió: Era mi padre quien entraba con su uniforme de la Guardia Republicana del Perú –majestuosa polaca francesa tipo terno, quepí, correaje de cuero, camisa beige, y corbata negra– luego de haber estado una larga temporada incomunicado por el estado de inamovilidad y el toque de queda decretado en todo territorio nacional… ¡La angustia al fin había terminado!
Recuerdo que salimos mi madre, mi hermano más pequeño que yo aún, a recibirlo en la sala con abrazos y besos, yo a lo lejos en mi memoria recuerdo que en mi abrazo no soltaba a sus espaldas el libro que él me había regalado el año anterior: “Corazón”.
Tenía entonces yo 10 años de edad.
Adolfo Martín
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios